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De galerías inundadas a energía firme: la apuesta por convertir minas de carbón en grandes “baterías” hidráulicas

De galerías inundadas a energía firme: la apuesta por convertir minas de carbón en grandes “baterías” hidráulicas

El cierre de la minería del carbón dejó en muchas comarcas una herencia incómoda: infraestructuras abandonadas, galerías anegadas y un impacto ambiental difícil de gestionar. Ahora, parte de ese problema se está releyendo como oportunidad. En El Bierzo (León), un macroproyecto pretende transformar una mina inundada en una pieza clave del sistema eléctrico: un almacenamiento hidroeléctrico por bombeo que funcionaría como una batería a escala industrial.

Por qué mirar a las minas cuando el reto está en la red

España acelera la incorporación de generación renovable, especialmente solar y eólica. El desafío es conocido: producen de forma variable y no siempre coinciden con los picos de demanda. En ese contexto, el sistema necesita flexibilidad (capacidad de subir o bajar potencia rápidamente) y almacenamiento (guardar excedentes para usarlos más tarde).

La solución más madura para almacenar grandes cantidades de energía durante horas sigue siendo el bombeo hidroeléctrico. En lugar de depender únicamente de baterías químicas, el bombeo usa el agua y la gravedad: se “carga” cuando hay electricidad barata o sobrante y se “descarga” cuando la electricidad es más valiosa o necesaria.

El proyecto en El Bierzo: inversión, escala y ambición

La iniciativa, conocida como CDR Navaleo, ha pasado a manos de una compañía energética suiza con amplia trayectoria en el mercado español. El movimiento supone un respaldo industrial y financiero a una idea que ya venía trabajándose desde el ámbito local.

Las magnitudes que se manejan lo sitúan en el rango de las grandes infraestructuras: se habla de una inversión total en el entorno de varios cientos de millones de euros y de una potencia de referencia en torno a los 535 MW, con capacidad para aportar servicios clave a la red en momentos de tensión.

Además, su relevancia no se limita al perímetro provincial: el proyecto ha sido señalado como estratégico a nivel europeo al encajar con las prioridades de seguridad energética y con la necesidad de reforzar la resiliencia del sistema eléctrico.

Cómo funciona una “batería” de agua en circuito cerrado

El principio es sencillo, aunque la ingeniería sea compleja. El sistema se articula en dos fases:

1) Carga: bombear agua hacia una cota superior

Cuando hay excedente renovable o precios bajos, la instalación usa electricidad para bombear agua desde un nivel inferior (relacionado con el entorno fluvial y/o infraestructuras existentes) hasta un depósito o balsa en altura.

2) Descarga: turbinar el agua para producir electricidad

Cuando la red necesita energía, se deja caer el agua por una conducción para mover una turbina y generar electricidad de forma inmediata. Ese “ciclo” convierte al conjunto en un almacenamiento de varias horas, pensado para cubrir franjas de demanda y para suavizar rampas de producción renovable.

Al hablar de circuito cerrado, la idea es que el agua se reutiliza dentro del sistema con intercambios controlados, reduciendo dependencias externas y mejorando la previsibilidad operativa.

El giro interesante: una central que también depura

Reutilizar minas inundadas abre una pregunta inmediata: ¿qué pasa con la calidad del agua? En muchas explotaciones abandonadas, el agua acumulada puede arrastrar compuestos minerales y contaminantes derivados de la actividad extractiva.

Aquí aparece un elemento diferencial: el planteamiento se presenta como una Central Depuradora Reversible. Es decir, no solo busca almacenar electricidad, sino también drenar y tratar parte del agua minera. En teoría, el proyecto convertiría un pasivo ambiental en un activo doble: energético y de restauración.

Si se ejecuta como está previsto, el valor no sería únicamente producir MWh en horas críticas, sino contribuir a gestionar un legado industrial complejo mediante un proceso de tratamiento controlado.

Calendario: prudencia técnica y horizonte 2030

Este tipo de infraestructuras no se improvisa. Antes de tomar la decisión final de inversión suelen ser necesarios estudios geológicos, análisis de estabilidad, ingeniería de detalle y tramitación ambiental. En el caso berciano, el desarrollo apunta a un horizonte de entrada en operación comercial a comienzos de la década de 2030.

La implantación abarcaría varios municipios de la comarca, un área especialmente golpeada por el declive del carbón. Por eso, además del debate energético, el proyecto se sigue con interés por su potencial de actividad económica durante la obra y por el tipo de empleo asociado a la operación y mantenimiento.

Qué puede significar para la transición energética

La lectura de fondo es clara: la transición no va solo de instalar renovables, sino de construir el “sistema” que las hace fiables. El almacenamiento por bombeo aporta algo difícil de sustituir a gran escala: potencia gestionable durante horas, con tecnología conocida y vida útil prolongada.

Y hay un simbolismo adicional: donde antes se extraía carbón, ahora se buscaría extraer estabilidad para la red y, potencialmente, mejoras ambientales. Si el modelo demuestra viabilidad técnica, social y económica, podría inspirar nuevas reconversiones en otras cuencas mineras con condiciones comparables.

En resumen

Convertir una mina inundada en una “batería” hidráulica es una idea tan pragmática como ambiciosa: reutiliza infraestructuras y geografía existentes, mejora la integración de renovables y abre la puerta a tratar un problema ambiental histórico. El reto estará en la ejecución: permisos, ingeniería, costes y aceptación local. Pero el mensaje es potente: el futuro eléctrico también puede construirse sobre las cicatrices del pasado industrial.