La informática pierde brillo en California: caen las matrículas tras dos décadas de ascenso
Un giro inesperado en la cuna del software
Durante años, elegir informática parecía una apuesta casi infalible: un título asociado a salarios competitivos, movilidad social y un mercado laboral hambriento de programadores. Sin embargo, en el ecosistema universitario que alimenta a Silicon Valley (especialmente el sistema público de California), la tendencia se ha dado la vuelta: por primera vez en dos décadas, las matrículas en informática retroceden de forma clara.
El dato importa no solo por el volumen de estudiantes, sino por lo que representa: si en California baja el interés por el grado “clásico” de computer science, es probable que otras regiones vean un patrón similar con cierto retraso.
Los números: descenso reciente, tendencia significativa
Los registros del sistema de universidades públicas de California muestran una caída en el alumnado de grado que elige informática frente a los dos años anteriores. El retroceso es moderado en porcentaje, pero simbólico: rompe una racha de crecimiento que ni la crisis financiera de 2008 ni el impacto del COVID habían logrado frenar.
Además, el fenómeno no se atribuye a un único campus: afecta al conjunto de instituciones públicas donde estudian decenas de miles de futuros profesionales en áreas tecnológicas (con centros de referencia mundial). Es decir, no es un “caso aislado”, sino una señal agregada del mercado educativo.
Qué está empujando a la Generación Z a mirar hacia otro lado
1) La IA cambia el punto de entrada a la profesión
La inteligencia artificial generativa ha alterado la percepción del trabajo de programación, especialmente en niveles iniciales. Muchas tareas que antes servían como entrenamiento natural para perfiles junior ahora se automatizan o se aceleran con herramientas capaces de escribir, refactorizar y documentar código.
Esto no significa que “se acabe” la ingeniería de software, pero sí que el primer escalón de la carrera profesional parece más estrecho y competitivo. Esa lectura —real o percibida— impacta directamente en decisiones de matrícula.
2) Los vaivenes de contratación en Big Tech ya pesan en el imaginario
Los grandes ajustes de plantilla en empresas tecnológicas han erosionado la narrativa del empleo asegurado. Aunque el sector sigue contratando, el mensaje que llega a estudiantes y familias es más complejo que antes: la estabilidad no está garantizada y la carrera puede exigir especialización, adaptación continua y diferenciación.
3) El “informático” genérico pierde atractivo frente a itinerarios más concretos
Lo que antes se vendía como un destino final (estudiar informática) se percibe cada vez más como una base transversal. Muchos aspirantes no rechazan la tecnología: simplemente prefieren programas con un enfoque más directo hacia áreas emergentes o tangibles, desde otras ingenierías hasta nuevas titulaciones orientadas a IA.
Más que una caída: una redistribución dentro de la tecnología
Una lectura clave es que no necesariamente hay menos interés por lo “tech”, sino un movimiento interno: parte del alumnado se está desplazando hacia especialidades nuevas, más específicas o mejor alineadas con el momento actual. En ese contexto, algunas universidades ya exploran grados y menciones dedicadas a inteligencia artificial, con una demanda fuerte desde el primer año.
En otras palabras: la informática no desaparece, se reconfigura. Y lo que hoy baja en “computer science” puede estar subiendo en “AI”, “data”, “security” o combinaciones híbridas con otras disciplinas.
El reto para las universidades: actualizar el mapa de competencias
Si la programación deja de ser el único núcleo y pasa a ser una herramienta más dentro de un trabajo compartido con sistemas de IA, los planes de estudio necesitan cambios profundos. No se trata solo de añadir una asignatura de machine learning: el desafío es formar a estudiantes para diseñar, evaluar y supervisar sistemas, además de construirlos.
En ese nuevo escenario, ganan peso habilidades como:
- Pensamiento crítico y verificación: validar resultados, detectar errores y evitar automatismos.
- Diseño de sistemas: arquitectura, escalabilidad y toma de decisiones técnicas.
- Trabajo interdisciplinar: combinar software con negocio, salud, industria o ciencia.
- Ética, privacidad y seguridad: comprender riesgos, sesgos y cumplimiento normativo.
Qué puede pasar ahora: señales a seguir en 2026
La gran pregunta no es si “se acaba la informática”, sino cómo evolucionará la demanda de talento. Si el empleo junior sigue tensionado y la IA continúa absorbiendo tareas de iniciación, es probable que aumente el interés por itinerarios que prometen una identidad profesional más clara desde el principio (IA aplicada, robótica, ciberseguridad, ingeniería eléctrica, etc.).
California, por su peso en el sector, suele actuar como termómetro adelantado. Por eso, el descenso en sus matrículas no es un simple dato universitario: es un indicio de que la tecnología está entrando en una nueva fase, donde “saber programar” importa, pero ya no basta como argumento único para elegir carrera.

